Una de las principales tareas que se llevan a cabo, o se deberían llevar a cabo, en un refugio es evaluar el comportamiento de los perros que se recogen, no solo para su estancia y compatibilidades en el propio refugio, sino previo a la adopción con el fin de poder asesorar a los potenciales adoptantes. Sin embargo, en los casos en que se hace ¿cuentan los refugios con los profesionales adecuados y formados para ello?, ¿sabemos si las pruebas que se hacen son realmente fiables?, ¿es adecuado asesorar sobre el comportamiento futuro que tendrá un perro basándose en su comportamiento en el refugio o en los resultados de un test?, ¿son informados los adoptantes de ello?, ¿pueden manifestar agresividad los perros que se han clasificados como no agresivos y viceversa? Cuántas veces hemos escuchado la frase: ” este perro está testado con gatos, o con niños”. ¿Significa esto que podemos asegurar cien por cien que es seguro que ese perro vaya a un hogar con gatos o con niños?

Lo cierto es que pueden producirse problemas graves de equivocarnos si aseguramos que un perro no es agresivo con personas y más tarde resulta serlo en el hogar de adopción. Al mismo tiempo, si no se da en adopción un perro que se supone agresivo y estamos en un error, estamos mermando el número de perros que podrían estar en un hogar y que continuan en un refugio durante mucho tiempo.

Complicado ¿no? La realidad es que no se pueden hacer afirmaciones sobre el comportamiento de un perro por haber estado una hora interaccionando con él, tras el resultado de un test o suponiendo que se va a comportar de la misma manera en un hogar que en el refugio en el que reside. Y en la mayoría de los casos el personal y los voluntarios del refugio están poco formados y capacitados. Es una responsabilidad enorme y requiere de un diagnóstico profundo del animal que, además, debe ser multidisciplinar, en el que deberían participar etólogo veterinario, educador canino y voluntarios y trabajadores del refugio. Un error puede conllevar una persona agredida o un perro que no se adopta o es sacrificado.

En algunos casos se llevan a cabo una serie de pruebas sometiendo al perro a una serie de situaciones que podrían darse en su hogar, como por ejemplo distintos tipos de manipulaciones, presencia de determinados estímulos, manejo de la correa, etc. Pero esto no es suficiente ni tampoco real, son meras aproximaciones. El comportamiento de un perro en un refugio está sometido a una serie de influencias propias de estos lugares: ruido, otros animales, manejo a veces inadecuado, falta de enriquecimiento ambiental, falta de personal para que los perros estén estimulados, … estímulos y situaciones que conducen a sufrir estrés crónico.

Si recurrimos a la ciencia como proveedora de información veremos que en los últimos años ha habido un interés por investigar en este campo, intentando comprobar si estas pruebas de comportamiento son fiables. En un estudio (Patronek & Bradley, 2016) se demostró que hacer evaluaciones de comportamiento no es mejor que lanzar una moneda al aire en términos de valor informativo para mejorar la seguridad pública o justificar las decisiones de eutanasia para perros y tomar recomendaciones para seguir adelante.

Estudios anteriores se esfuerzan en comprobar si los diferentes test disponibles para predecir el comportamiento son fiables o no (Bennett et al., 2012; Mornement et al., 2014), demostrando que no lo son y que se deben utilizar otras formas de comprobar si existe o no agresividad en perros de refugio y si esto se reflejará en su posterior hogar de adopción.

Son resultados sorprendentes pero la verdad es que la reacción de un perro a cualquier tipo de estímulo puede ser totalmente dependiente de la situación en la que se encuentra. Es muy difícil diseñar un test que reproduzca  una situación real y tenga éxito al predecir el comportamiento futuro del perro.

Las evaluaciones de comportamiento en refugios pueden proporcionarnos información útil  pero no son lo único. No se deben tomar como una respuesta en forma de SÍ o NO adoptar un perro o no o sobre si es agresivo, sino tener en cuenta muchos más datos y factores implicados. Y esto hay que hacerlo con tiempo, de forma relajada y asesorada, dándole tiempo y posibilidad de ejecutar el comportamiento adecuado al perro y proporcionando toda la información y teniendo en cuenta al adoptante. El esfuerzo debe dedicarse a maximizar las oportunidades para interactuar con los perros de manera normal y agradable intentando reflejar lo que se espera que hagan una vez adoptados: caminar, estar con las personas y con otros perros, jugar, entrenar; y tomar un historial de entrada exhaustivo y tenerlo en cuenta en la evaluación del comportamiento.

Por Rosana Álvarez Bueno.

REFERENCIAS:

Bennett, S. L., Litster, A., Weng, H. Y., Walker, S. L., & Luescher, A. U. (2012). Investigating behavior assessment instruments to predict aggression in dogs. Applied Animal Behaviour Science141(3-4), 139-148.

Mornement, K. M., Coleman, G. J., Toukhsati, S., & Bennett, P. C. (2014). Development of the behavioural assessment for re-homing K9’s (BARK) protocol. Applied Animal Behaviour Science151, 75-83.

Patronek, G. J., & Bradley, J. (2016). No better than flipping a coin: Reconsidering canine behavior evaluations in animal shelters. Journal of Veterinary Behavior15, 66-77.

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  1. Es verdad, el entorno familiar es muy diferente al que encontrará un perro en un refugio, es difícil clasificar el carácter de un perro que habita en un lugar tan distinto, sin embargo, muchas veces no nos lo planteamos al momento de adoptar.

    • Son muchas cosas las que uno no se plantea a la hora de adoptar, hay mucho que considerar, pero sobre todo dar una oportunidad al animal y no devolverlo a los 2 días porque llora o se hace pipí en casa.

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