Nuestro manifiesto

Por una etología y una educación canina basadas en la ciencia, el bienestar y el respeto

En Etolia creemos que comprender el comportamiento de un animal implica mucho más que observar lo que hace. Significa intentar entender por qué lo hace, qué siente, qué necesita y cómo influyen su salud, sus experiencias, su entorno y las relaciones que establece con quienes conviven con él.

Los perros y los gatos no son máquinas que debamos programar para que se comporten como esperamos. Son individuos con capacidades cognitivas, emociones, motivaciones, necesidades y formas propias de comunicarse y relacionarse con el mundo.

Nuestra labor no consiste simplemente en conseguir que dejen de realizar determinadas conductas. Consiste en comprender su origen, prevenir y tratar los problemas de comportamiento, mejorar su bienestar y ayudar a las familias a construir relaciones más saludables, seguras y respetuosas.

Estos son los diez principios sobre los que fundamentamos nuestro trabajo, nuestra formación y nuestra manera de entender la medicina del comportamiento.

Nuestros diez principios

1. La ciencia es nuestra base, no una opción

Nuestro trabajo se fundamenta en el conocimiento científico del comportamiento animal, la medicina veterinaria, la neurociencia, la teoría del aprendizaje y la investigación sobre bienestar animal.

No basamos nuestras intervenciones en modas, tradiciones, experiencias anecdóticas o explicaciones sin fundamento.

Sabemos que la ciencia evoluciona y que lo que hoy conocemos puede cambiar mañana. Por eso consideramos imprescindible mantener una formación continua, revisar críticamente nuestros conocimientos y estar dispuestos a modificar nuestra forma de trabajar cuando aparecen nuevas evidencias.

El conocimiento científico debe guiar nuestras decisiones, incluso cuando nos obliga a cuestionar lo que creíamos saber.

2. Cada animal es un individuo, no un conjunto de conductas

No existen dos perros ni dos gatos iguales. Cada individuo tiene su propia historia, genética, experiencias, capacidades, emociones, preferencias y necesidades.

Una misma conducta puede tener causas y funciones completamente diferentes según el animal y las circunstancias en las que aparece.

Por eso rechazamos las recetas universales, las etiquetas simplistas y los métodos que pretenden ofrecer la misma solución para todos.

Antes de intervenir necesitamos conocer al individuo, comprender su contexto y valorar qué está ocurriendo.

No tratamos conductas aisladas. Trabajamos con individuos.

3. El bienestar físico y emocional es nuestra prioridad

El bienestar no consiste únicamente en que un animal esté alimentado, sano físicamente o libre de sufrimiento evidente.

También implica sentirse seguro, poder descansar, explorar, relacionarse, expresar comportamientos propios de su especie y tener cierto control sobre lo que sucede a su alrededor.

No basta con evitar el miedo, el dolor o el estrés. Debemos favorecer experiencias positivas, oportunidades de elección y un entorno adaptado a sus necesidades.

Ningún objetivo educativo o terapéutico justifica comprometer innecesariamente la integridad física o emocional del animal.

El bienestar no es una consecuencia deseable de nuestro trabajo. Es una condición imprescindible para realizarlo.

4. La conducta es comunicación y tiene una explicación

Un animal que gruñe, muerde, se esconde, vocaliza, elimina fuera del lugar habitual, destruye objetos o evita el contacto no está necesariamente intentando desafiarnos, manipularnos o portarse mal.

Su comportamiento puede estar relacionado con miedo, ansiedad, frustración, dolor, enfermedad, conflicto, aprendizaje o necesidades que no están siendo satisfechas.

No interpretamos las conductas desde juicios morales ni desde ideas como la desobediencia intencionada, la venganza o la supuesta necesidad de dominar a las personas.

Nuestra primera pregunta no es cómo detener una conducta, sino qué la está provocando y qué función cumple para ese animal.

Antes de corregir, hay que comprender. Y muchas veces, cuando comprendemos, dejamos de pensar en corregir.

5. La salud física y la salud emocional son inseparables

El comportamiento forma parte de la salud.

El dolor, las enfermedades neurológicas, endocrinas, digestivas, dermatológicas y otros procesos médicos pueden provocar, agravar o mantener problemas de comportamiento.

Del mismo modo, el miedo, la ansiedad y el estrés pueden afectar profundamente a la salud física y a la calidad de vida.

Por eso defendemos que los problemas de comportamiento deben abordarse desde una perspectiva clínica integral, con una valoración veterinaria adecuada y un diagnóstico que tenga en cuenta todos los factores implicados.

Cuando es necesario, el tratamiento puede incluir modificaciones ambientales, intervención sobre el aprendizaje, medidas de seguridad y tratamiento farmacológico.

La medicación no es un fracaso educativo ni una solución por sí sola. Es una herramienta terapéutica que, cuando está indicada, puede mejorar el bienestar y facilitar la recuperación.

6. Educar y tratar no significa imponer, intimidar ni castigar

Rechazamos los métodos que recurren al dolor, el miedo, la intimidación o la coerción para conseguir obediencia o modificar el comportamiento.

No utilizamos ni recomendamos técnicas basadas en la imposición física, las correcciones aversivas o la supuesta necesidad de establecer jerarquías de dominancia entre personas y animales.

Defendemos intervenciones fundamentadas en la ciencia del aprendizaje, que prioricen el refuerzo positivo, la prevención, la modificación del entorno, la desensibilización y el contracondicionamiento cuando estén indicados.

Sabemos que suprimir una conducta no equivale necesariamente a resolver el problema que la origina.

Un animal puede dejar de expresar miedo sin haber dejado de sentirlo.

Nuestro objetivo no es conseguir obediencia a cualquier precio, sino favorecer el aprendizaje, la seguridad y el bienestar.

7. Prevenir es tan importante como tratar

Muchos problemas de comportamiento pueden prevenirse o reducirse si comprendemos las necesidades de cada especie y actuamos antes de que aparezcan dificultades importantes.

La socialización adecuada, la educación temprana, el enriquecimiento ambiental, el respeto al descanso, la predictibilidad y la posibilidad de elección son aspectos esenciales.

También lo es adaptar los entornos y las situaciones para evitar exposiciones innecesarias al miedo, la frustración o el estrés.

Esto incluye nuestra manera de realizar las consultas, las exploraciones veterinarias y los procedimientos clínicos.

Defendemos un manejo amable, cooperativo y de bajo estrés, que tenga en cuenta las señales del animal y adapte los procedimientos siempre que sea posible.

Prevenir no es evitar que el animal aprenda a enfrentarse al mundo. Es ofrecerle las condiciones necesarias para hacerlo de forma segura.

8. Las familias forman parte de la solución, nunca son el enemigo

Compartir la vida con un animal implica afecto, responsabilidades, expectativas y, en ocasiones, dificultades que pueden llegar a ser muy importantes.

Sabemos que convivir con un perro que presenta agresividad, un gato que elimina fuera de su bandeja o un animal con miedo o ansiedad puede resultar agotador, frustrante y emocionalmente difícil.

Por eso nuestro trabajo también consiste en escuchar, explicar, acompañar y buscar soluciones realistas, adaptadas a las circunstancias de cada familia.

No creemos en culpabilizar ni juzgar a quienes buscan ayuda. Tampoco en prometer resultados imposibles o ignorar las dificultades que implica aplicar un tratamiento en la vida cotidiana.

Entendemos que el bienestar de los animales y el de las personas que conviven con ellos están profundamente relacionados.

Cuidar del vínculo también significa cuidar de las personas que forman parte de él.

9. El trabajo en equipo y la responsabilidad profesional son imprescindibles

La medicina del comportamiento requiere conocimientos clínicos, capacidad diagnóstica y una visión integral del paciente.

Creemos en la colaboración entre profesionales veterinarios, educadores caninos, especialistas de otras disciplinas y todas aquellas personas que puedan contribuir al bienestar del animal.

Cada profesional debe conocer sus competencias, reconocer sus limitaciones y actuar dentro de su ámbito de responsabilidad.

Defendemos la comunicación entre profesionales, la derivación cuando es necesaria y el diseño de intervenciones coordinadas y coherentes.

También consideramos fundamental la formación rigurosa de quienes trabajan con animales y el rechazo de prácticas que puedan comprometer su bienestar.

Colaborar no significa renunciar a nuestras competencias, sino ponerlas al servicio de una atención mejor.

10. La ética, la honestidad y el respeto están por encima de los resultados aparentes

No existen soluciones milagrosas ni podemos garantizar resultados idénticos en todos los animales.

La evolución de un problema de comportamiento depende de numerosos factores, algunos de los cuales no siempre podemos modificar.

Nuestro compromiso es realizar una valoración rigurosa, explicar nuestras recomendaciones, plantear objetivos realistas, acompañar el proceso terapéutico y revisar las decisiones cuando sea necesario.

También implica reconocer nuestras limitaciones, asumir posibles errores, escuchar las preocupaciones de las familias y anteponer la seguridad y el bienestar a las expectativas de resultados rápidos.

No consideramos un éxito conseguir que un animal deje de mostrar una conducta si para ello hemos deteriorado su bienestar o su relación con las personas.

La calidad de nuestro trabajo no se mide únicamente por lo que conseguimos cambiar, sino también por cómo lo conseguimos.

Nuestro compromiso

En Etolia defendemos una medicina del comportamiento y una educación animal que evolucionen con la ciencia, que respeten la individualidad de perros y gatos y que reconozcan el papel fundamental de las emociones, la salud y el entorno.

Creemos en una convivencia construida desde el conocimiento, la comprensión y el respeto mutuo.

Nos comprometemos a seguir aprendiendo, a cuestionar nuestras propias prácticas y a trabajar para que cada intervención contribuya a mejorar la calidad de vida de los animales y de las personas que comparten su vida con ellos.

Porque no queremos animales que simplemente dejen de expresar lo que les ocurre.

Queremos animales que puedan sentirse mejor.

Y familias que puedan comprenderlos, acompañarlos y convivir con ellos de una manera más consciente, segura y respetuosa.

El equipo de Etolia · Etología Veterinaria

No es solo lo que hace. Es cómo se siente.

Fundamentos científicos y documentos de referencia

Los principios de este manifiesto se apoyan en el conocimiento científico sobre comportamiento, bienestar animal, aprendizaje y medicina veterinaria, junto con nuestro compromiso ético y profesional.

  1. Mellor, D. J., et al. (2020). The 2020 Five Domains Model: Including Human–Animal Interactions in Assessments of Animal Welfare. Animals, 10(10), 1870. https://doi.org/10.3390/ani10101870
  2. Mellor, D. J. (2016). Updating Animal Welfare Thinking: Moving beyond the “Five Freedoms” towards “A Life Worth Living”. Animals, 6(3), 21. https://doi.org/10.3390/ani6030021
  3. Ellis, S. L. H., et al. (2013). AAFP and ISFM Feline Environmental Needs Guidelines. Journal of Feline Medicine and Surgery, 15(3), 219–230. https://doi.org/10.1177/1098612X13477537
  4. American Veterinary Society of Animal Behavior (2021). Humane Dog Training Position Statement. https://avsab.org/resources/position-statements/
  5. Vieira de Castro, A. C., et al. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023
  6. American Veterinary Society of Animal Behavior. Dominance Position Statement. https://avsab.org/resources/position-statements/
  7. Hammerle, M., et al. (2015). 2015 AAHA Canine and Feline Behavior Management Guidelines. Journal of the American Animal Hospital Association, 51(4), 205–221. https://doi.org/10.5326/JAAHA-MS-6527
  8. Mills, D. S., et al. (2020). Pain and Problem Behavior in Cats and Dogs. Animals, 10(2), 318. https://doi.org/10.3390/ani10020318
  9. Gruen, M. E., et al. (2022). 2022 AAHA Pain Management Guidelines for Dogs and Cats. Journal of the American Animal Hospital Association, 58(2), 55–76. https://doi.org/10.5326/JAAHA-MS-7292
  10. Rodan, I., et al. (2024). 2024 AAFP Intercat Tension Guidelines: Recognition, Prevention and Management. Journal of Feline Medicine and Surgery, 26(7). https://doi.org/10.1177/1098612X241263465
  11. Rodan, I., et al. (2022). 2022 AAFP/ISFM Cat Friendly Veterinary Interaction Guidelines: Approach and Handling Techniques. Journal of Feline Medicine and Surgery. https://doi.org/10.1177/1098612X221128760
  12. Taylor, S., et al. (2022). 2022 ISFM/AAFP Cat Friendly Veterinary Environment Guidelines. Journal of Feline Medicine and Surgery, 24(11), 1133–1163. https://doi.org/10.1177/1098612X221128763
  13. American Veterinary Society of Animal Behavior. Positive Vet Visit Position Statement. https://avsab.org/resources/position-statements/
  14. American Veterinary Society of Animal Behavior. Puppy Socialization Position Statement. https://avsab.org/resources/position-statements/