Un final feliz para un gato agresivo y su familia

Koke y Kleo, dos gatos

Tenemos dos preciosos gatos, Koke llegó primero a nuestras vidas con dos mesecitos de vida. Manuel ( mi pareja) decía que era el patito feo, con la cabeza pequeña, ojos grandes, orejas más grandes todavía y en mitad de su lomo, que es de un blanco brillante, tiene una mancha jaspeada de color negro con algunos tonos rubios. Mono no era la verdad pero nos conquistó enseguida,  era juguetón y curioso como todos los gatitos de esa edad, aunque con vitalidad extra creo yo…

“Así comienza el relato del caso de Koke, Kleo y su familia: Ana, Manuel y la pequeña Lara. A Ana le he pedido que nos cuente su historia con el objetivo de que otras personas la lean y sepan y entiendan que los problemas de comportamiento se pueden solucionar, aunque sean tan graves como una agresividad hacia las personas de la familia. Y si a otras personas que se encuentren en la misma situación les puede ayudar habremos puesto un granito más de arena en el desierto de la comprensión y el diagnóstico de los problemas de comportamiento de nuestros animales de compañía, que como todos sabemos, son de nuestra familia. Así que sigue leyendo, sigue leyendo,…”

…Y sigue igual aunque ya tiene cuatro años, es más le ha pasado como en el cuento del patito feo, se ha convertido en un hermoso gatazo. Muy guapo. Y diréis: que vas a decir tu de tu gato… Pues sí, soy una mami adoptiva muy orgullosa de ellos, pero es que es guapo de verdad.

Koke, gato agresivo hacia las personas

A Koke le gusta mucho jugar con el agua, parece mentira, ¡es un gato! Cuando nos vamos a duchar ya está él esperando que salga el agua para darle con sus patitas blancas. Siempre ponemos el tapón de la bañera porque el momento de caer el agua por el desagüe es alucinante para él. Se queda con una intriga que resulta muy graciosa, como si pensara: pero…  ¿a dónde va el agua?

Kleo tiene tres años, llegó un año después que Koke. Ella es bonita de aspecto pero más bonita es en su interior. Es la dulzura hecha gata.

Kelo gata compañera de Koke

Los dos gatos llegaron en momentos muy difíciles de nuestras vidas y con su cariño y compañía nos ayudaron a llevar situaciones tan duras como la pérdida de una madre y la noticia de una infertilidad de las peores.

Ellos estuvieron en esos momentos y nos arrancaron sonrisas con sus monerías. Nos hicieron compañía con su reclamación de mimos. Y mantuvieron nuestras mentes ocupadas en sus cuidados y en esos ratos quizás no pensábamos tanto en nuestras penas. Está claro que no lo hacían voluntariamente. Estoy segura que ellos preferirían estar en el campo, libres, cazando pajarillos y ratones. Pero estaban allí.

Por esto y por nuestro amor a los animales en general nos llevábamos las manos a la cabeza cuando nos decían en pleno proceso de in vitro: ¿qué vais a hacer con los gatos si os quedáis embarazados?

Para nosotros esta pregunta era terrorífica porque sí que había un problema en este sentido y es que, aunque jamás abandonaremos a ninguna mascota, era evidente que teníamos problemas de agresividad con Koke. Él es cariñoso, juguetón, curioso, pero cuando había algún golpe inesperado o un grito, incluso cualquier ruido que no le cuadrase, atacaba. Por ejemplo, lo normal que le pasa a cualquiera: te das un golpe con la esquina de un cajón en plena espinilla….  Gritas: ¡ay!  Pues en ese momento el gato aparece de la nada y ataca al primero que se le cruza en el camino. Pero no dos zarpazos y ya, no, clava las garras con una fuerza increíble y te persigue para pegarte más hasta que se le pasa la enajenación. Después se queda hecho polvo en un rincón de la casa como si supiera que lo que ha hecho esta muy mal. Una vez llegó a atacar a una visita porque se le cayó un cristal al suelo y yo me asusté dando un grito sin pensar en las consecuencias de ese acto instintivo mio, las cuales fueron de varias heridas en las piernas del pobre chico.

La verdad es que no sabemos cuando empezó a atacar de esta manera pero no nos preocupó tanto hasta que vimos la posibilidad de tener hijos. ¿Qué haríamos para controlar la situación con un bebé o dos? ¿ Nos veríamos en la obligación de buscarle casa a Koke? ¿Cómo iba a sobrevivir si tuviéramos que llevarlo al campo si siempre había vivido en casa? ¡Uf, qué agobio!

Y milagrosamente llegó el momento tan esperado y por el que habíamos perdido toda esperanza… ¡ESTÁBAMOS EMBARAZADOS! ¡Cuánta alegría!

Era una locura, ni los médicos se lo creían. Y como tenía que hacer reposo de repente Koke venía y se acurrucaba conmigo en el sofá reclamando los mimos que tanto le gustan. Entonces mi cabeza se ponía en lo peor y pensaba: ¿qué vamos a hacer? Quiero proteger a mi bebé pero no quiero abandonar a mi gato.

Alrededor eran todo presiones, sobre todo de familiares que habían sufrido en mayor o menor grado algún ataque de Koke.

Como tuve mucho tiempo mientras hacía reposo me puse a investigar sobre el tema y viendo un día el programa de César Millán “el encantador de perros “ se me ocurrió buscar “el encantador de gatos”, y encontré un programa americano llamado “mi gato endemoniado” de Jackson Galaxy. El programa era muy parecido al de César y nos ayudó mucho porque aprendimos que con el juego se arreglan muchas de las frustraciones que sufre un gato que vive encerrado en una casa.

Pero se acercaba el momento de llegada del bebé y los familiares querían ver la habitación con las cositas del bebé. Como Koke estaba mucho mejor y hacía meses que no atacaba les dijimos que podían venir a casa. Pero en una de las visitas vinieron niños y a éstos les hizo mucha gracia Koke.  Lo persiguieron, le gritaron, le tiraron cosas y no había quien los controlara. Quise meter al gato en una habitación para protegerlo, pero el pobre estaba desquiciado ya y yo demasiado gorda para poder cogerlo en esas circunstancias. Ese día todo lo que había avanzado con el pobre gato se fue al traste y al día siguiente su ataque fue hacia mí. Fue más doloroso el suceso que las heridas que me hizo.

Hablamos Manu y yo para decidir que cuando volviéramos a casa del hospital con el bebé, no nos acompañaría nadie con el fin de evitar el estrés en los gatos, y así fue.

Todo fue de maravilla los gatos aceptaron muy bien a la pequeña Lara. Pasaron los meses con un par de ataques hacia Manu en el transcurso de éstos. Seguíamos con la preocupación porque ahora la nena solo estaba en el carro o en brazos pero pronto echaría a andar y entonces ¡Uf, qué miedo!

Yo no dejé de buscar a un experto en etología felina pero no encontraba o no sabía donde buscar. Lo que tenía claro es que necesitábamos ayuda, primero por mi hija y después por mi gato.

Lara empezó a intentar andar muy pronto, sólo tenía nueve meses. Hasta entonces Koke podía estar acostado al lado de Lara mientras ésta jugaba pero ahora la niña se ponía de pie y en un momento de descuido mío la pequeña puso un bracito en el puff donde Koke descansaba, él se asustó y le dio un zarpazo en el bracito. Yo me asusté y no supe reaccionar. Le tiré agua al gato porque había visto en Internet que hay gente que utiliza pulverizadores para corregir el comportamiento de los gatos. Pero fue un error. Aparte lo perseguí como él hace cuando ataca, pensando que así entendería que lo que había hecho estaba mal. Lo hice muy mal pero estaba desesperada, no sabía qué hacer para evitar que Koke le hiciera daño a mi hija.

Desde entonces cada vez que el gato se cruzaba con la niña le bufaba y se le erizaba el pelo. Cuando Manu llegó a casa y le conté lo que había pasado me dijo: ya sé que no quieres ni pensarlo pero al final tendremos que sacrificarlo. Mi corazón se me volvió del revés. Recordé a mi bóxer a la que tuve que sacrificar por enfermedad hacía seis años.  Me horrorizó la idea y le dije que tenía que haber otra solución aunque yo ya no sabía cuál puesto que ya había perdido la esperanza de encontrar a esa persona experta en etología felina que podría por lo menos intentar ayudarnos. Y de repente una mañana, esa misma semana, al abrir mi correo leo un artículo en el club de malasmadres que habla de la importancia de tener mascota para los niños. Y… ¡tachán! El nombre de Rosana Álvarez y la posibilidad de ponerme en contacto con ella, increíble, si fuera creyente lo denominaria un milagro. ¡Jajaja!

Ella no podía tratar a Koke porque vivimos muy lejos pero nos puso en contacto con Carolina Valverde, también etóloga veterinaria, que trabaja cerca de Elche. Carolina se puso a trabajar enseguida en nuestro caso. Nos dio varias pautas que nos han ayudado a entender el estrés al que están sometidos Koke y Kleo, pero lo mejor es que nos indica cómo reducirlo. Aún no hemos terminado, pero después de dos visitas y de trabajar mucho con las pautas que nos indicó, Koke muestra clara mejoría y Kleo es mucho más feliz. Quizás no podamos cambiar a Koke pero sí aprender a tratarlo y a entenderlo.

Gracias Rosana y Carolina por vuestra ayuda. Estoy segura de que hay personas que desconocen vuestro trabajo, y quizás por ese motivo, si estas personas se encuentran en un caso como el nuestro, es posible que se rindan. Por nuestra parte, estamos llenos de esperanza por una convivencia feliz entre personas, bebés y gatos.

Firmado: Ana Saura.

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