Niños y mascotas: yo te ayudo…

* Podéis seguirlas en @Etologiamalaga y en su BLOG.

La inspiración para este post vino en forma de foto en modo pinterest. Cuando vemos esas imágenes divinas de madres y padres con esos hijos (sin una mancha y mega repeinados), mientras bañan al perro (normalmente un Golden Retriever o un Beagle) en el jardín con un mini barreño y mucha espuma, nosotras nos preguntamos: ¿cómo lo hacen? Porque yo cada vez que cepillo a la perra acabo con pelos hasta en las orejas, y si Lady Berta me ayuda, al final la niña parece un kiwi y tengo que cambiarla de ropa.

Y se nos ocurrió que seguro que os interesaría conocer cómo poder implicar a los buenoshijos con los animales en tareas acordes a su edad y capacidades. Queremos añadir un apunte, nosotras escribimos este post teniendo en cuenta lo que sabemos de animales y niños, nuestra experiencia en las consultas en las que hay convivencia niños-animales, su relación y lo que hemos podido comprobar. Pero si en algo metemos la pata, rogamos a las expertas en pequeños bípedos que nos corrijan sin miramientos.

Todos sabemos que tengan la edad que tengan los buenoshijoscuando hay animales en casa la responsabilidad es de los adultos, lo contrario no tendría sentido. Es absurdo y hasta peligroso esperar que un niño de 8 años se haga responsable al 100% de la vida de un perro o de un gato. Pero sí que hay mil cosas en las que pueden echar una mano, implicarse, colaborar y que harán que mejore su capacidad de empatía, de respeto hacia el mundo animal, e incluso que se cultiven las capacidades sociales y motoras en los más pequeños. Esto último lo hemos podido comprobar en Lady Berta y ahora os lo iremos contando a modo de ejemplo.

Vamos a exponeros una serie de tareas básicas para que podáis intentarlo y practicar en casa a través de ellas con los buenoshijos humanos y lospeludos, teniendo en cuenta siempre la edad de cada uno. Advertimos desde el principio que todas estas tareas SIEMPRE se harán bajo la supervisión de un adulto, NUNCA estará el niño solo con el animal. Esta es una premisa que recomendamos fehacientemente que se cumpla.

 Administrar la comida y/o chuches: en niños que ya caminen y sean capaces de coger piezas con las manos se puede llevar a cabo. A día de hoy, Lady Berta es la que pone los cuencos de comida (pienso) a los perros. Les pone a cada uno el suyo, luego le enseñamos que debe retirarse para que puedan comer tranquilos hasta que acaban (mientras ella se encarga de otras labores como barrer la terraza) y por último los recoge y guarda en el armario ordenados y uno dentro de otro (esto es de su cosecha señoras y señores). Aquí tenemos que hacer un apunte muy importante. Hay que permitir que el perro o gato coma tranquilo. Jamás meterán las manos en su comida y no esperarán al lado del comedero. También se puede hacer otra práctica que sería decirles que se sienten (si el niño ya puede expresarse hablando o chapurreando) antes de poner su plato en el suelo (esto Lady Berta lo hace con las chuches).

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– En cuanto a darles chuches o premios es genial porque para el animal es algo que positiviza aún más la relación con el niño y les hace formar vínculo. Podéis enseñarles de varias maneras. Lo mejor es que aprendan a dárselo poniendo el trocito de comida en la palma de su mano, pero esto suele costarles: primero porque les impresiona ver y sentir como un perro abre la boca y se acerca a ellos y segundo por el lametón que se llevan y que al principio no a todos les agrada. Decimos que lo mejor es que se lo den así porque algunos perros son menos cuidadosos cogiendo comida de la mano, y si el peque coge el trocito con los dedos en modo pinza igual le hace un poco de daño con los dientes. Lo normal al principio es que se la tiren al suelo, y tampoco es una mala opción. Para que os hagáis una idea Lady Berta a día de hoy, con 20 meses, sólo le da las chuches directamente a nuestra perrita más pequeña. A los demás le sigue dando mucha impresión porque son de tamaño grande. Así que sigue lanzándoselas al suelo, aunque poco a poco va tolerando esas bocazas babosas.

 Paseo: esta labor esta indicada para niños más mayores y teniendo en cuenta el tamaño del perro. Ojo, que nuestra pequeña a su edad les pasea dentro de casa, donde no hay distracciones y los perros no pueden dar un tirón inesperado de la correa y tirarla al suelo (aún así de vez en cuando se cae de bruces) Podemos enseñarles a ponerles collar y correa y a coger bolsitas para recoger las cacas. Es una forma de enseñarles a ser responsables, recoger lo que hace su perro en la calle, el civismo no está reñido con la edad. Conforme van adquiriendo más fuerza y equilibrio se les puede ir dejando que los coja para salir a la calle, pero nunca llevando ellos solos la correa. Esto a LadyBerta le supone un pequeño conflicto porque tiene muchas ganas de llevar al perro ella sola pero en cuanto cruza la puerta de la calle y empieza a tirar con más fuerza ella ve que no puede y ya tiene que pedirnos ayuda.

– Baño y cepillado: esta tarea es aplicable desde bien pequeños y les suele gustar mucho, sobre todo el baño. Los que tengáis jardín o patio y en verano bañéis al perro fuera, seguro que sabéis de lo que hablamos. La manguera, una regadera, jabón, el bañador y ¡a ayudar! Es muy sencillo y muy fácil que les guste, y sí, vamos a recoger agua y jabón de todo el jardín pero se lo pasarán muy bien. Para los que lo hacéis dentro de casa, en una bañera, también es posible, una vez que lleguen a la altura y quieran implicarse, podéis dejar que le enjabonen la cabeza y luego que os ayuden a secar con toalla y secador. El cepillado es mucho más sencillo y no implica tenerse que pringar de agua toda la familia. Se trata de enseñarles a coger el cepillo y pasarlo suave por zonas que sepamos que no le van a causar daño al animal (idealmente la zona entre la cabeza y la zona lumbar, nunca cara, partes trasera o por debajo del cuerpo ya que son más sensibles)

– Juego: esta es quizá la más evidente. La mayoría de los perros están dispuestos siempre a jugar, y los buenoshijos son una fuente inagotable de recursos en ese sentido. Lanzar la pelota, jugar con una cañita y un ratón con los gatos, jugar al escondite, o darles la merienda imaginaria que han cocinado con sus cacharritos. Al principio tendréis que enseñarles a ambos a jugar con el otro, luego se buscarán mutuamente. Berta le lanza la pelota y el peluche a Chandler para que los recoja (aunque a veces se enfada si coge algo suyo en vez de los juguetes perrunos), a Greta le da la merienda que saca de sus cacharritos de cocina…

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Todo lo que hemos descrito es quizá muy evidente, la mayoría nos diréis que claro, esto hace que nosotros los adultos perdamos más tiempo. Y sí, es así, porque es más rápido evitar que el niño entre en estas tareas, las hacemos nosotros en 5 minutos y andando. Pero luego os alegrará ver cómo de motu propio quieren hacer cosas con ellos, vamos creando ciertas capacidades, vamos mejorando su autonomía, y conforme vayan creciendo, se irán convirtiendo en pequeñas personitas responsables con los animales, con sus necesidades básicas, y sobre todo, respetuosas con ellos. Veréis como la relación y el vínculo que se establece es prácticamente como si de un hermano se tratase.

Os dejamos algunas imágenes de Lady Berta para que veáis lo bien que realiza determinadas tareas con los perros y gatos.

Esperamos que os haya gustado, que nos contéis vuestras experiencias con estas actividades, y que si tenéis dudas con respecto a alguna, por supuesto os las resolveremos encantadas.

LA OPINIÓN DE LA EXPERTA EN ATENCIÓN TEMPRANA

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* Podéis seguirla en @melusalejandra y en su BLOG.

Bajo mi punto de vista como profesional de la infancia, considero que la implicación de los buenoshijos en las tareas con animales es realmente positivo. Como dicen mis compañeras, nos llevará más tiempo que haciéndolo nosotros mismos, pero esto sucede en todo lo que queramos enseñar a los niños. Si no les enseñamos a vestirse, a comer o a recoger porque nosotros tardamos menos, crearemos adultos o adolescentes dependientes, en búsqueda de aprobación y ayuda constante del adulto, y esto no es lo que solemos pretender ni querer.

Por lo tanto, destacar que con la implicación del buenhijo en las tareas de los animales, la autonomía en el buenhijo se ve realmente favorecida, haciéndole más autosuficiente y por tanto más independiente y capaz de sí mismo, potenciando su autoestima y valores emocionales. Además el buenhijo debe aprender a adaptarse al animal, fomentando la capacidad de espera, la paciencia, la empatía y la resolución de conflictos. Por último destacar que la adquisición de responsabilidades es necesaria desde pequeños, adaptándonos siempre a la edad del buenhijo, como comentan María y Rosana. La ayuda y la realización de tareas en familia es necesaria para convivir y dar un papel esencial a cada uno dentro del grupo.  En definitiva, tener un animal en casa es muy beneficioso, siempre y cuando seamos responsables y hagamos a todos partícipes de ello.
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Por María Garrido y Rosana Álvarez.
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