Las rutinas en los niños y en los animales

Ya sabía yo que esto iba a pasar. Me despedí de ustedes deseándoles un feliz verano por si no me daba tiempo a pasar por aquí, y, menos mal que lo hice y no quedé del todo mal. Porque tiempo, lo que se dice tiempo, no he tenido ni para mirarme al espejo, que así llevo la pinta que llevó a veces, “pa lo que hemos quedao”.

Hemos superado el verano, y con él el temido mes de agosto sin guardería. Y bueno, nos hemos apañado bien. La verdad es que hemos disfrutado de Lady Berta y creo que ella de nosotras también, ha habido playa, piscina, reuniones familiares, comidas y cenas fuera, ritmos cambiados, siestas de tres horas, caballitos,días sin siesta…

Si les soy sincera yo me he vuelto un poco loca este mes, porque no tengo vacaciones en verano, así que ha sido caótico. Mientras todo el mundo inundaba instagram, y todas las redes sociales, de fotos idílicas con sus niños en playas idílicas en momentos preciosísimos de desayunos eternos y opíparos, nosotras teníamos niña que se levanta tarde, desayuna tarde, come tarde y se echa la siesta tarde, lo que trae como consecuencia que se duerme tarde y yo madrugo lo mismo, así que mi cara de mapache trasnochado era de horror absoluto.

Pero ha vuelto septiembre, y con él las maravillosas y benditas rutinas. Que sí, que un poquito de despitorre está bien, mola, pero llega un momento es que no puedes con tu alma y necesitas orden y concierto. Y sobre todo necesitas que la niña deje de acostarse a las 12 de la noche porque tú madrugas igual.

Así que hace unos días, LB ha vuelto a su adorada guardería, con profe nueva y con algunos amiguitos que ya conocía, y ella tan contenta, y nosotras también. Entre otras cosas porque ella va feliz, no hay llantos, ni pena, ni siquiera un triste puchero, y eso te hace sentirte un poquito menos mal.

Pero luego llegas a casa y después de un mes escuchándola sin parar mientras recoges las camas, pasas la aspiradora, etc, resulta que la echas de menos, y hay demasiado silencio. Creo que le llaman síndrome de Estocolmo.

Así vamos, cogiendo el ritmo. Y yo feliz, porque cada vez me gusta más la rutina, creo que me hago vieja (madre ,que pena).

Y en este fantástico mundo de la rutina y el orden y el concierto, me hace gracia pensar que con los perros ocurre igual. Una de las cosas sobre las que hacemos hincapié cuando algún propietario nuevo nos contacta y asiste a una consulta, es en que para los perros la rutina es esencial en sus vidas. Ojo que no hablamos de aburrimiento. Nos referimos a que, todo lo que no sea predecible, para los perros supone estrés y eso de forma reiterada lleva a la aparición de problemas graves de comportamiento.

Si usted observa el etograma de su perro es decir, esas cosas que hace a lo largo de 24h, probablemente se dará cuenta de que siempre son las mismas. Por ejemplo:

  • Paseo por la mañana
  • Siesta matutina
  • Me como un rato mi pelota
  • Siesta matutina 2
  • Hora de comer
  • Me lamo un poco mis partes
  • Paseo de mediodía para hacer un pis rapidito
  • Siesta por la tarde
  • Paseo largo y reunión con los colegas en el descampado
  • Llega la noche y a dormir

Y así un día detrás de otro, y su perro feliz, encantado de la vida, con su etograma inalterable.

Pero, OH CIELOS, de repente, usted, su dueño, coge vacaciones en agosto, y resulta que se levanta a las 11 de la mañana, y el pobre perro se ha hecho pis en el salón porque ya no podía más. Y resulta que se va con la familia a la playa, y él se queda en casa, y la hora de comer se convierte en la hora de merendar, y claro, el pobre perro se ha tomado la libertad de robar media barra de pan que había en la cocina. Y como hace mucho calor, el paseo de la tarde no se lo dan, y se pone a correr como un descosido por la casa y tira 3 jarrones y le da un empujón al niño. O en su defecto, se lleva al perro de vacaciones, y se pasan las 24h juntos, y su perro flipado y feliz, y megaexcitado de que esté todo el día pendiente de él. Y así todo el mes.

Y cuando acaba agosto, y usted vuelve a su rutina, pueden pasar dos cosas: la primera es que la que todos deseamos, que el perro como si no hubiese pasado nada recupere sus costumbres y su etograma del modo invernal. Peeeeero, también puede ocurrir una segunda cosa, no tan deseable, y es que le hayamos trastornado tanto su etograma que ahora, volver a la rutina le cueste más de lo que esperamos, y eso se convierta en un trastorno asociado a la ansiedad.

Sí, así como lo oyen. Los perros son felices con la predictibilidad. Cuando los animales viven en estado salvaje, si se fijan solo un poquito en cualquier documental de La2, se darán cuenta de que absolutamente todos los días hacen las mismas cosas, cada estación del año repiten las mismas migraciones, las hembras son madres en los mismos periodos… y eso es lo que garantiza su supervivencia. Si cada día tuviesen que levantarse pensando “Dios santo qué me pasará hoy?” Los leones del Serengueti ya se habrían extinguido, se lo digo yo.

Pero como yo sé que esto les va dejar pensando que es que yo quiero dejarles sin vacaciones, les aclaro que no, que ni mucho menos se trata de eso. Pero como siempre decimos, las cosas se pueden hacer bien, se puede ir usted de vacaciones intentando respetar la vida que su perro tiene 11 de los 12 meses que tiene el año. Y piense, que al igual que tiene en cuenta sus necesidades, su perro tiene las suyas y tenga en cuenta que ellos no tienen la capacidad de adaptación que tenemos los humanos (adultos claro), y siempre digo lo mismo, unos humanos más que otros eh! Que a mi me sacan de mi casa más de una semana y me entra un nosequé y un queseyo…

Y si sigue teniendo dudas sobre cómo hacerlo, antes de liarla parda con el niño, la suegra, sus tíos de Cuenca, el perro y el gato de su amigo que se ha ofrecido a cuidar, haga el favor de contactar con nosotras. Que seguro que le echamos una mano.

Como siempre, me despido sin saber cuándo volveré por aquí. Sean felices. Y vivan su etograma y la vuelta a la rutina con mucha alegría.

Un abrazo.

Por María Garrido.

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  1. 07/09/2015

    Todos abrazamos nuestras rutinas como señal de calma y seguridad. El artículo es sencillamente perfecto. Algún imprevisto agradable siempre viene bien, pero mi casa, mi cama, mi ducha, mi perreo dominguero….. son lo mejor de la vida. Y tengo claro que para mis perros también. Y si como yo, que ya os lo he contado en alguna ocasión, se tiene uno con problemas de socialización, ni te cuento. Muchas gracias!!!!!!

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