La castración. ¿Cuándo?

Castracion

CONDUCTAS SEXUALMENTE DIMÓRFICAS


Antes de entrar en materia sobre si a un perro o perra se le extirpan sus partes pudendas, hablaremos sobre una serie de conductas llamadas conductas sexualmente dimórficas.


Son conductas que dependen de la acción de las hormonas sexuales sobre el sistema nervioso central. Podemos verlas tanto en un sexo como en otro, pero normalmente son más frecuentes en uno de ellos (es una cuestión cuantitativa)

El cerebro de un cachorro se “masculiniza” debido a los efectos de la testosterona si este cachorro va a ser macho, mientras que la hembra nacerá hembra, si no hay suficiente testosterona que actúe sobre su cerebro prenatal.

Un ejemplo de conducta sexualmente dimórfica lo tenemos en la postura de micción. Durante las 2 primeras semanas de vida esta conducta es estimulada por la madre en sus cachorros, y a partir de ahí se va haciendo independiente. Las diferencias entre los dos sexos empiezan a ocurrir a los 2 meses. A partir de los 2 meses el macho pasa a la postura juvenil, de pie y con el cuerpo inclinado hacia delante, y a los 4-6 meses empieza a mostrar la postura de adulto levantando una de las patas traseras. Los andrógenos y los estrógenos aumentan la conducta de micción en cada sexo.

El marcaje territorial también responde a un proceso de diferenciación sexual. Parece ser que la vasopresina, neurotransmisor también conocido como hormona antidiurética, estimula la conducta de marcaje con orina, activada a su vez por la testosterona.

La agresividad ofensiva también depende del efecto estimulador de esta hormona, por lo que también es más frecuente en machos. Dentro de la agresividad ofensiva tenemos la intrasexual y la competitiva o por dominancia. Esto no quiere decir que cuanta más testosterona circule por las venas de un perro éste será más agresivo, sino que todo ello  depende del efecto activador que la testosterona tenga sobre el sistema nervioso central, y sobre todo de la experiencia previa del perro en esa determinada conducta.

Por último tenemos la conducta de vagabundeo como conducta más frecuente en machos.

LA CONDUCTA COMO UNA INTERACCIÓN DE FACTORES


Según X. Manteca “desde el punto de vista de la conducta, el organismo animal puede entenderse como un mecanismo con tres componentes principales: los órganos de los sentidos, el sistema nervioso central y los órganos efectores; y los cambios en las concentraciones plasmáticas de las hormonas pueden actuar modificando cualquiera de los tres mecanismos, alterando por tanto la conducta final del animal.


No debemos olvidar tampoco que la conducta es la expresión de la interacción compleja entre genes y medio ambiente.

Con todo esto, ¿a que ya no creen que resulta tan fácil predecir si una conducta se va a modificar o no con la castración? 

LA CASTRACIÓN

Como hemos aventurado en el epígrafe anterior, es un método que se suele utilizar sin tener en cuenta sus efectos sobre la alteración de conducta en cuestión, ya que a veces no modifica para nada el problema e incluso puede empeorarlo.

Los andrógenos aumentan en general la agresividad de tipo ofensivo (por dominancia, territorial e intrasexual), pero no el resto. Pero la agresividad depende también de la genética y la experiencia previa.

En el macho, la castración disminuye las conductas sexualmente dimórficas que no están relacionadas directamente con la reproducción y que tienen que ver con la intervención de los andrógenos, es decir, el marcaje territorial (30-50%), la agresividad intrasexual (hasta en un 50-60%). Para comprobar los efectos, a veces hay que esperar un tiempo para permitir que el nivel hormonal circulante baje del todo. En la agresividad por dominancia el efecto  no está tan claro, puede disminuirla pero nunca es eficaz como único método (la concentración sanguínea de testosterona no tiene por qué ser mayor en un perro dominante) También disminuye el vagabundeo en un 40% de perros rápidamente y en otro 50% poco a poco. ¡Ojo! Hay que tener en cuenta que el vagabundeo no tiene como único agente causal la testosterona, sino que hay otros elementos que actúan como reforzadores de la conducta, como pueden ser la búsqueda de comida y el contacto social.

En la conducta sexual de machos y hembras tiene efectos distintos. Mientras que en las hembras la actividad sexual desaparece inmediatamente tras la castración, en el macho puede perdurar hasta toda la vida o interrumpirse del todo o parcialmente (algunos autores dicen que depende de la experiencia sexual del animal). Por tanto, no debe extrañarnos que en un macho castrado permanezcan conductas como las de monta o erección. En los perros no importa tanto el nivel de andrógenos circulante como la respuesta del sistema nervioso central a su efecto. Además, en el macho el control de la conducta sexual es menos dependiente de la acción hormonal que en la hembra.

En lo que se refiere a la tendencia a desarrollar obesidad tras la castración, parece que influye más en las hembras, debido a la ausencia de los estrógenos, que disminuyen la ingestión de alimento. Las hembras castradas comen más (hasta 20% más al día según estudios) y ganan más peso. La solución está en  restringir la ración diaria. En los machos no hay estudios concluyentes, pero parece ser menor la tendencia a desarrollar obesidad que en las hembras (en la mayoría de los mamíferos las hormonas sexuales masculinas causan aumento en el consumo de alimentos, por lo tanto al castrarlos el consumo disminuye, aunque parece que aumenta el depósito de grasa).

En las hembras, la castración evita la pseudogestación y todos los problemas derivados, si se realiza en el momento oportuno del ciclo estral; por tanto disminuiría la agresividad relacionada con la conducta maternal. La castración puede aumentar el riesgo de aparición de agresividad por dominancia si la hembra se castra después de la aparición de episodios de este tipo de agresividad, debido a que los estrógenos y los progestágenos actúan como inhibidores de la agresividad en las hembras. Reduce la posibilidad de aparición de tumores mamarios, tanto más cuanto más joven se lleve a cabo la cirugía; y también la aparición de piómetra. También reduce el marcaje con orina, si éste está asociado al periodo del estro, al igual que reduce la agresividad de las hembras que compiten por un macho en dicho periodo.

En el caso de los gatos, los efectos de la castración son mucho más evidentes y eficaces en conductas como marcaje con orina y agresividad intrasexual.

La castración no produce cambios de personalidad, ni pérdida de la capacidad en los perros de trabajo.


Y por último, recordar que la castración es el único método de control de la natalidad en perros y en gatos, y que deberíamos practicarla como medida definitiva en todos los animales domésticos para evitar el abandono y las camadas indeseadas.


 Por Rosana Alvarez Bueno.

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  1. 23/08/2017

    El mayor error que he podido cometer, mi gato era un crack, le gustaba pasear, salir, jugar era como un perro, nunca marco territorio dentro de casa y tan solo era molesto algun maullido… Salia al monte y nunca se escapo durante dos años por insistencia de los veterinarios lo castramos y ahora ya no es el, esta como drogado, adormecido, hasta su mirada ha cambiado… Todo lo que lees x internet es que lo castres… Tal vez esterilizarlo por el control de natalidad, pero mi consejo es nunca castrarlo les cambia por completo en casa estabamos enormemente contentos com el y ahora ni lo reconocemos es miedoso, solo quiere mimos, parace un felpudo… Fatal… Nunca volvere a castrar a un animal es una mutilacion…

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  1. […] Fuente: http://www.etologiaveterinaria.net/ […]

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