Fobias a ruidos en perros

Fobias a ruidos en perros

El miedo es un problema con una alta prevalencia en la especie canina, es decir, que se manifiesta muy frecuentemente. Aunque no todos los casos acuden al especialista. Muchas veces porque se piensa que tienen poca o nula solución.

Por supuesto, lo que deberíais hacer es acudir a un especialista veterinario en medicina del comportamiento, pero estos consejos os ayudarán mientras tanto.

El miedo es una reacción normal en cualquier especie. De esta manera nos garantizamos la supervivencia. Si nos enfrentáramos a todo podríamos morir en el intento.


En el caso de la especie canina son muy frecuentes los miedos a los ruidos, a veces por falta de socialización con esos estímulos, otras por sensibilización (experiencia negativa con ellos) y otras por herencia (el miedo es una de las características de comportamiento que más heredabilidad tiene)


Pero la fobia es una reacción de miedo desproporcionada, es decir, la magnitud de la reacción no guarda relación con la intensidad del estímulo que la ha provocado.

Son la mayoría de los perros que véis esconderse temblando, jadeando, que huyen despavoridos y sin control o se meten debajo de la cama o dentro de la bañera.

Aunque penséis que no, estos problemas tienen tratamiento. Para tratarlos hay que ponerse en contacto con un veterinario etólogo, pero podemos daros unos consejos para que en el momento en que sepáis que va a ocurrir uno de los acontecimientos mencionados (fiestas con fuegos artificiales, tormentas, zonas de tiro o partidos de fútbol) podáis ayudar a vuestro perro a no pasarlo tan mal.

En primer lugar debemos fabricar un sitio seguro para nuestro perro. Este sitio seguro puede ser donde ya se esconde (bañera, debajo de una mesa o cama) o uno nuevo. Sirven por ejemplo una caja de cartón grande, un transportín o jaula o una habitación aislada. Si es debajo de una mesa, tapar ésta con una manta.

Hay que facilitar el acceso, es decir, el perro tiene que poder irse en cualquier momento que lo necesite al transportín, habitación, bañera, caja o cama.

Luego tenemos que hacer el lugar lo más silencioso posible: podemos bajar persianas y cerrar ventanas, apagar la luz, taparlo con mantas, poner música relajante. También es importante que sea confortable: introduciremos allí su camita preferida y las cosas que más valora, incluso alguna prenda con el olor del propietario.

Colocaremos en este lugar un difusor de feromonas o bien rociaremos con feromonas en spray (Adaptil). Esto facilitará la disminución del estrés en el animal y su mejor recuperación.


Hay que trabajar este sitio como sitio preferido del perro haciendo cosas como poner allí su cama, darle allí la comida, jugar allí con él, cepillarlo allí si le gusta, dejarle chuches para que las encuentre, colocarle juguetes interactivos rellenos de comida, premiarlo cuando lo veamos allí… En definitiva, hacer todo lo que al perro le guste en ese lugar. De esta manera, cuando el perro quiera estar tranquilo y a gusto irá a su lugar seguro. Bajo ningún concepto hay que molestarlo cuando se encuentre allí.


Es importante que sepáis que cuando un animal se esconde cuando tiene miedo, ese hecho le ayuda a pasar ese trance con mayor facilidad, y en situaciones similares le será más fácil recuperarse. Por ese motivo no se le debe impedir esconderse.

Si el sitio está suficientemente trabajado, el perro acudirá allí cuando ocurra el evento. No obstante, si sabemos que va a ocurrir, podemos llevarlo allí antes y colocarle algún juguete interactivo y jugar un rato con él.

En cuanto a si acariciarlo o no, es un tema controvertido en la comunidad científica. En un congreso reciente nos comunicaron que lo más recomendable es hacer lo se tiene acostumbrado al perro a hacer. Es decir, si está acostumbrado a que lo acaricies, hacerlo, y si no, pues no. De esta manera el animal no nota un cambio drástico en tu actitud.

De todas maneras, es preferible no darle demasiada importancia al estímulo negativo e intentar cambiar su emoción de la manera que al perro le guste y hayamos trabajado previamente. Y por supuesto ¡no castigar!

Espero haberos ayudado. Y recordad que cada problema es distinto y siempre hay que consultar con un especialista. No apliques lo que te ha dicho tu vecino, tu perro es único y sus problemas también. Esto que os he contado no es un tratamiento, sino una manera de que vuestro perro no lo pase tan mal cuando ocurra el evento.

Por Rosana Álvarez Bueno

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